De suelo ácido a rango óptimo en banano, un caso de campo en El Guabo
Cuatro meses de manejo con silicio y calcio subieron el pH promedio del suelo cerca de una unidad en una finca bananera de El Oro.

El pH del suelo es el factor que decide cuánto de lo que aplicamos llega realmente a la planta. Cuando el suelo baja de 5.5, el aluminio se vuelve soluble y tóxico para las raíces, y el fósforo queda retenido sin poder aprovecharse. En la práctica, el productor fertiliza y la plantación no responde como debería.
Ese era el escenario en la finca L.C., en el cantón El Guabo, provincia de El Oro.
El punto de partida
En noviembre de 2025 hicimos la primera toma de datos en un lote de 12 hectáreas de banano establecido. Las lecturas marcaron un pH entre 5.0 y 5.5, un suelo fuertemente ácido para el cultivo.
Junto con el técnico de la finca diseñamos un programa de corrección basado en enmiendas ricas en silicio y en carbonato de calcio de partícula ultrafina.
El programa aplicado
Se hicieron dos intervenciones con 61 días de intervalo:
- Primera aplicación (1 de enero de 2026). 1 litro de Zumsil + 2 kg de Fossil Shell Agro por hectárea. El objetivo fue movilizar nutrientes e iniciar la estructuración del suelo.
- Segunda aplicación (3 de marzo de 2026). 2 kg de Fossil Shell Agro + 2 kg de Lithovit Standard por hectárea. Aquí buscamos reforzar calcio, magnesio y silicio para sostener la fotosíntesis y la resistencia de los tejidos.
Los resultados
El 11 de marzo de 2026 volvimos a medir, esta vez en 11 puntos distribuidos en el lote.
| Indicador | Valor |
|---|---|
| pH inicial promedio | 5.25 |
| pH promedio actual (11 puntos) | 6.24 |
| Lectura más baja | 5.5 |
| Lectura más alta | 7.0 |
| Incremento promedio | +0.99 |
Ocho de los once puntos quedaron entre 5.9 y 7.0, dentro del rango en el que el banano aprovecha mejor el fósforo y el potasio y en el que el riesgo por aluminio disminuye de forma importante.
Lo que se observa en la plantación
Durante la visita de seguimiento se notó una coloración foliar más intensa. Es una señal alentadora que coincide con lo que se espera de un mejor suministro de silicio, calcio y magnesio, aunque la confirmaremos con más ciclos de observación antes de atribuirla por completo al programa.
Lo que sigue
No todo el lote respondió igual. Dos puntos se quedaron en 5.5 y 5.8, y ahí está el trabajo pendiente. El siguiente paso es un tercer monitoreo para verificar que la mejora se sostiene en el tiempo y decidir si esas zonas necesitan un refuerzo localizado.
Lo que aprendemos de este caso
- Medir antes de aplicar evita gastar en fertilizante que el suelo no deja pasar.
- Corregir el pH es un proceso, no una aplicación única. Aquí hablamos de dos intervenciones y varios meses.
- El monitoreo por puntos revela diferencias dentro del mismo lote que un promedio esconde.
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